27/09/2009 12:09
En un comunicado emitido por la cancillería la noche del sábado, el Gobierno que asumió tras el golpe de Estado a Zelaya, el 28 de junio, pidió a Brasil que su embajada en Tegucigalpa no sea utilizada para llamar a la insurrección.
"De no ser así, nos veremos obligados a tomar medidas adicionales conforme al derecho internacional", dijo la cancillería, aunque no especificó a cuáles medidas se refería. Pero el presidente brasileño Lula, que ofreció su embajada a Zelaya durante el tiempo que fuera necesario, dijo a periodistas que no respetaría ese plazo.
"Brasil no tolerará un ultimátum de un Gobierno golpista", dijo Lula a periodistas tras acudir a una cumbre América del Sur-Africa en isla de Margarita, en el caribe venezolano.
"Si entran por la fuerza, estarán cometiendo un acto que rompe las normas internacionales", agregó. Zelaya participó el domingo en una misa dentro de la embajada brasileña en Tegucigalpa, sitiada por un fuerte dispositivo de policías y soldados armados a guerra.
El Gobierno del presidente de facto, Roberto Micheletti, había dicho previamente que Brasil debía decidir si le da asilo político o lo entrega a la justicia hondureña para ser juzgado por una supuesta violación de la Constitución.
Por su parte, Zelaya llamó a sus partidarios a redoblar sus movilizaciones, que se han repetido durante toda la semana. "Hago un llamado patriótico a movilizarse en todo Honduras y que todos los que puedan vengan a Tegucigalpa para que luchen en una ofensiva final", dijo Zelaya a través de un comunicado.
El domingo, sus partidarios tenían previsto reunirse en una asamblea para evaluar su estrategia, pero no marcharían. El comunicado de cancillería hondureña dijo además que no permitirá el regreso de los embajadores de Argentina, España, México y Venezuela, retirados tras el golpe, a menos que esos países reconozcan antes al Gobierno de facto.
La medida podría aumentar el aislamiento internacional al que está sometida la empobrecida nación centroamericana. También liquida las ilusiones de un diálogo entre Zelaya y Micheletti, posibilidad con la que ambos habían coqueteado esta semana, pero que chocó contra el obstáculo aparentemente insuperable de la restitución del mandatario derrocado.
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