Con su acento bien cordobés, indiscutible y su modo de ver la vida que la unge como una verdadera madre coraje, Beatriz Olave tiene los sueños de la esperanza y observa el recuerdo de su hijo, Rodrigo, con alegría y sin llantos.
“Físicamente, el cuerpo se va, deja la ropa, pero espiritualmente se queda de por vida. Lo que sí puedo aseverar es que mi hijo no tenía ganas de irse y no era tampoco su tiempo. He logrado el equilibrio de este misterioso encanto que es la existencia.
O me pegaba un tiro, o le poníamos el pecho a la vida".
Con la voz por momentos entrecortada, Beatriz puntualizó que “me han puesto a prueba de muchas cosas, y he tenido la posibilidad de renacer, entre las cenizas, como el Ave Fénix. Ulises, mi otro hijo, acaba de grabar su noveno disco y le estoy dando todo mi apoyo”.
Recrea el concepto con el movimiento de sus manos: “Cada vez que me veo en la necesidad de derramar una lágrima lo hago pero fuerzas superiores me instalan, después, de otra manera. Me interesa tener firme la alegría que tenía Rodrigo. A veces le pido a Dios 5 minutos para poder verlo en los sueños y cuando me dice que está bien ya puedo descansar con placidez".
-Está muy presente Rodrigo como artista...
-Para mí lo sigo viendo como hijo, siempre me acompaña. Yo sobrellevo la cruz y lo hago con mucha dignidad. No me gusta aparentar lo que no soy. Rodrigo no se fue y sigue participando.
-¿Hubo una conspiración en la muerte de Rodrigo?
-Mucho se habló de ese momento. Pero no me toca a mí analizarlo.
- Pesquera estuvo implicado en el accidente, ¿qué nos podés decir a la luz del tiempo transcurrido?
-Absolutamente nada. Nadie va a poder traerme nuevamente a la vida a Rodrigo. Sin embargo, sé que está el bien y el mal y hay gente para todo. Más que en la justicia del hombre yo creo en la justicia de Dios.
-¿Qué nos podés decir de la herencia de Rodrigo?
-Yo solamente tengo las botas rojas que usaba Rodrigo en sus recitales y nada más. No me quedé con ninguna otra pertenencia de mi hijo.
-¿Cómo haces para subsistir?
-Solamente tengo una jubilación de 330 pesos.
-Pero con eso no se puede vivir ni mínimamente.
-Es verdad, por eso salgo a trabajar cada vez que puedo y cuando me dan trabajo.
-Beatriz, parece increíble.
-Es así. A mí no se me cae ningún anillo. Yo salgo a limpiar los baños de locales de baile y confiterías y no por eso pierdo mi dignidad.
-Es realmente apremiante tu situación económica.
-Es así. Si no salgo a laburar, te reitero, no como. Te reitero, salgo a luchar por mi plato de comida. Además este es un problema mío y no le echo la culpa a nadie. Me conformo con pocas cosas, con un plato de arroz, con un plato de guiso. Yo no le envidio la plata a nadie. Simplemente quiero poder ganarme la plata indispensable para tener mi plato de puchero todos los días. Con eso, con muy poco, yo soy feliz.